Mancha

Castilla-La Mancha

Evocar el pasado andalusí

El actual territorio de Castilla-La Mancha coincide, en una parte importante, con la Marca Media, una de las divisiones territoriales de al-Ándalus. Tras la fragmentación del califato de Córdoba (1031), se declararon diferentes reinos de taifas, entre ellos la taifa de Toledo, cuya extensión abarcaba mayoritariamente parte de la región castellanomanchega y la actual Comunidad de Madrid, entre otras. Su capital, Ṭulayṭula (Toledo), fue una de las medinas más relevantes de al-Ándalus y ejerció de centro cultural en esta época. En ella habitaron personalidades que revolucionaron el saber peninsular como el astrónomo y matemático al-Zarqālī (Azarquiel).

A diferencia de otras regiones, en Castilla-La Mancha el legado islámico ha llegado relativamente invisibilizado, a pesar de que tres de sus cinco capitales de provincia fueran fundadas durante el periodo andalusí: Albacete, Cuenca y Guadalajara. No obstante, la herencia material e inmaterial de los cinco siglos de administración islámica en estas tierras es enorme. No hablamos solo de ciudades y toponimias, de arte y arquitectura; sino también de paisajes, tradiciones, saberes y sabores. Parte de lo que somos, conocemos y experimentamos deviene de la cultura de al-Ándalus. ¡Ven a descubrir su profunda huella y a saborearla!

Mezquita de Bāb al-Mardūm, Toledo

Arquitectura

En Castilla-La Mancha encontrarás uno de los edificios más emblemáticos y referentes del arte islámico en la región: la mezquita de Bāb al-Mardūm. Debido a la existencia de una inscripción árabe en la fachada, se debate la finalización de su construcción entre los años 999 y 1000, aunque pudo existir una edificación previa y que esta datación fuera de una remodelación posterior. Por el tipo de arquitectura y decoración, puede decirse que pertenece al estilo propio del califato omeya; no obstante, se trata de una tipología particular en el mundo islámico por estar compuesta de un recinto cuadrado con nueve cúpulas, todas diferentes, sostenidas por cuatro columnas y que no cuenta con alminar. Se mantuvo como edificio exento hasta que, en el siglo XII, al convertirse en iglesia (conocida como ermita del Cristo de la Luz) se le añadió un ábside y pinturas murales.

El lenguaje arquitectónico y decorativo islámico pervivió en Toledo en otras tipologías del mundo andalusí, como en la sinagoga de Samuel ha-Levy o en el Taller del Moro, residencia palatina de la nobleza castellana que adoptó este gusto como símbolo de refinamiento. En el resto de Castilla-La Mancha hallarás también ejemplos de estas pervivencias en iglesias, palacios o castillos. Aunque lo que destaca en la región es la fuerte presencia de arquitectura defensiva: castillos, alcázares, murallas o torres de vigilancia que son la huella de las fronteras históricas del territorio y que frecuentemente fueron disputadas.

MEDINAS

Durante el emirato y el califato de Córdoba se establecieron demarcaciones territoriales conocidas como coras, que tenían en cuenta las regiones naturales. La zona que hoy ocupa Castilla-La Mancha fue una frontera natural frente a los reinos castellanos que se conoció como Marca Media, y era la delimitación norte de al-Ándalus. En el entorno del valle del Tajo se crearon medinas llamadas a cumplir un papel defensivo, como Makāda (Maqueda) o Ciudad de Vascos. También otras que desempeñaron un papel de gran importancia económica, administrativa y cultural como Ṭulayṭula (Toledo) o Talabira (Talavera de la Reina).

La cora de Santaver también abarcó la actual provincia de Cuenca, en la que se crearon medinas como Kūnka (Cuenca), Uqlīsh (Uclés), al-Qannit (Cañete) o Wabda (Huete), territorios dominados por el poder de la dinastía amazig Banū Ḏū-l-Nūn. Se extendía asimismo por una parte de la Alcarria, envolviendo a las ciudades de Wād al-Ḥaŷarah (Guadalajara), Atienza, Brihuega, Molina de Aragón o Zorita de los Canes.

Por su parte, en la actual provincia de Ciudad Real, se ubicó Qalā’t Rabāḩ (Calatrava la Vieja), la medina más poblada entre los siglos IX y XIII en territorio manchego. En cambio, la actual provincia de Albacete se presenta como ejemplo de otro modelo de administración del territorio como fueron los aqālīm (distritos rurales), donde destacó la antigua Šintiŷŷāla (Chinchilla de Montearagón), cabeza de una de estas demarcaciones agrícolas. Otros núcleos rurales de producción como Letur, Alcaraz o Alcalá del Júcar terminaron cobrando una gran importancia en el territorio.
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GASTRONOMÍA

Algunos de los platos y productos más emblemáticos de Castilla-La Mancha proceden de la introducción de ciertos alimentos en la península ibérica desde el mundo andalusí. Uno de ellos fue la berenjena. En su versión encurtida, rastreada en estas tierras desde el siglo XVI, forma parte de los aperitivos de la Mancha en localidades como Almagro, donde cuenta con una Identificación Geográfica Protegida desde 2012.
La berenjena formó parte de la cultura culinaria andalusí, ya que fue un alimento popular entre judíos y musulmanes, quienes solían conservarla cocida, en vinagre o salmuera. Uno de los platos más conocidos que se elaboraban con ella era la alboronía, una mezcla de berenjena, ajos, cebollas y frutos secos que ha perdurado en la cocina sefardí y de Andalucía. Al tiempo, se ha considerado el origen de otros platos identitarios, como es el pisto manchego, ideado posteriormente tras la introducción del pimiento y el tomate procedentes del continente americano.
Por su parte, el cultivo de azafrán está presente en el Mediterráneo desde la Antigüedad y su introducción en la Península procede del periodo islámico, donde tuvo gran importancia económica y diferentes usos culinarios, farmacopeos o como tinte de textiles. En la Mancha la producción de azafrán pervive y cuenta con una denominación protegida.

Otro producto emblemático del mundo andalusí es la miel, cuya producción fue estudiada y difundida en tratados como el Kitāb al-Filāḥa de Ibn al-‘Awwām, que abordaba el comportamiento de las abejas y cómo realizar la recolección de miel. Los apicultores andalusíes conocían bien las plantas aromáticas que favorecen la producción y en qué lugar convenía situar los colmenares. Por ejemplo, cerca de los campos de lavanda, lo que hace de regiones naturales como la Alcarria un punto extraordinario para la producción de miel de alta calidad, con denominación de origen.

ARTESANÍA

Una de las artesanías castellanomanchegas más señeras son las cerámicas que se producen en Talavera de la Reina y en Puente del Arzobispo, que fueron declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO en 2019. Esta tradición del barro cocido y esmaltado está influenciada por el arte islámico, ya que los ceramistas andalusíes desarrollaron técnicas como el vidriado y emplearon colores hasta entonces desconocidos en la Península que aún hoy se mantienen. En estas localidades, la cerámica alcanzó carácter industrial desde la Edad Moderna.

Otro oficio destacado en al-Ándalus fue el curtido de pieles, favorecido en nuestra región por la existencia de numerosas salinas en el noroeste de Guadalajara, pues la sal es el ingrediente clave en el curado de las pieles, además de sus usos culinarios y su valor económico. En la actualidad, varios talleres artesanos continúan trabajando el cuero en la extensa geografía castellanomanchega, de la que destacan los Montes de Toledo por su tradición aplicada a la caza, la equitación o el ganado bravo.

Por su parte, existen otras técnicas que aún hoy se realizan en la artesanía de la región que derivan de antiguos métodos desarrollados en el periodo andalusí. Uno de ellos fue la ataujía, la incrustación de filamentos de oro y plata en otros metales, que se considera el origen del damasquinado, una artesanía del siglo XIX que retoma la tradición de incrustación de metales y que es un oficio singular concretamente en la ciudad de Toledo.

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