Al pasear por las calles elevadas y tranquilas de Medinaceli no es fácil imaginar la enorme importancia y decisiva misión que esta villa tuvo en su día: la de ser desde 946 el principal enclave defensivo de la llamada marca o frontera media andalusí. El lugar elegido por el califa Abd al-Rahman III como centro de la red de poblaciones fortificadas, atalayas, pequeños castillos y grandes fortalezas que debía proteger al-Ándalus del avance de los reinos cristianos.
Sin embargo, cuando desde el mirador del Arbujuelo, próximo al castillo y antigua alcazaba, o desde el castillo mismo, se atiende al horizonte, la visión y el pensamiento se aclaran: difícilmente podría encontrar el califa mejor lugar para este propósito. Medinaceli, situada a 1.090 metros sobre un cerro desde el que se dominan las tierras que abren paso a la meseta central y al valle del Ebro, era el enclave privilegiado desde el que reforzar las posiciones musulmanas entorno a la frontera natural del Duero.
Y aquí reside, precisamente, uno de los grandes atractivos de la soriana Medinaceli, la Madinat Salim andalusí: en ella la belleza es palpable, no hay que adivinarla, pero casi todo lo demás, sí. Deberás conocer un poco de historia y dejar volar la imaginación para figurar cómo vivían y convivían en ella musulmanes, judíos y cristianos, dónde estaban sus mezquitas y sinagogas o dónde pudo ser enterrado Abu Amir Muhammad ben Abi Amir, el legendario Almazor. Ven a Medinaceli y descúbrelo.















