Medinaceli

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MADINAT SALIM, LA CAPITAL DE LA FRONTERA MEDIA

Al pasear por las calles elevadas y tranquilas de Medinaceli no es fácil imaginar la enorme importancia y decisiva misión que esta villa tuvo en su día: la de ser desde 946 el principal enclave defensivo de la llamada marca o frontera media andalusí. El lugar elegido por el califa Abd al-Rahman III como centro de la red de poblaciones fortificadas, atalayas, pequeños castillos y grandes fortalezas que debía proteger al-Ándalus del avance de los reinos cristianos.

Sin embargo, cuando desde el mirador del Arbujuelo, próximo al castillo y antigua alcazaba, o desde el castillo mismo, se atiende al horizonte, la visión y el pensamiento se aclaran: difícilmente podría encontrar el califa mejor lugar para este propósito. Medinaceli, situada a 1.090 metros sobre un cerro desde el que se dominan las tierras que abren paso a la meseta central y al valle del Ebro, era el enclave privilegiado desde el que reforzar las posiciones musulmanas entorno a la frontera natural del Duero.

Y aquí reside, precisamente, uno de los grandes atractivos de la soriana Medinaceli, la Madinat Salim andalusí: en ella la belleza es palpable, no hay que adivinarla, pero casi todo lo demás, sí. Deberás conocer un poco de historia y dejar volar la imaginación para figurar cómo vivían y convivían en ella musulmanes, judíos y cristianos, dónde estaban sus mezquitas y sinagogas o dónde pudo ser enterrado Abu Amir Muhammad ben Abi Amir, el legendario Almazor. Ven a Medinaceli y descúbrelo.

Arquitectura

En el extremo suroccidental de la muralla se levanta el castillo que, junto con el famoso arco triple romano, es la construcción que más destaca a primera vista en el perfil de Medinaceli. Y este es precisamente uno de esos puntos que te permitirán disfrutar poniendo en marcha la imaginación: el robusto castillo que tendrás ante tus ojos se construyó en el siglo XIV, dos siglos después de que Madinat Salim fuera conquistada por Alfonso I en Batallador en 1122 aunque, eso sí, fue levantado sobre el lugar que ocupaba la alcazaba. Lo que queda de ella estará bajo tus pies: unas caballerizas, un aljibe y un pasadizo del que se desconoce la finalidad, todos soterrados.

La llamada Puerta Árabe se presta también al juego de las adivinanzas. Ha llegado a la actualidad muy transformada pero aquí debió de estar la principal puerta de acceso de la medina durante el periodo andalusí -quizá también en época romana- y debió tener entonces un arco de herradura (el actual es apuntado). Frente a ella, en la explanada exterior, encontrarás un epitafio, en árabe y español, que rememora el que tuvo la tumba del caudillo andalusí Abu Amir Almanzor. Si continúas por el paseo hacia el este, recorriendo la muralla por el exterior, encontrarás un tramo de la misma claramente andalusí: un cubo o torre semicircular con aparejo de tipo califal. Es el más visible e incontestable vestigio de Madinat Salim.

MEDINAS

Madinat, medinat, madina o medina es el nombre que recibe la ciudad islámica. Medinaceli en tiempos andalusíes fue Madinat Salim, por los Banu Salim, que dominaron estas tierras desde el siglo VIII y hasta comienzos del X. De Madinat Salim deriva el nombre de Medinaceli, a la que los medinenses suelen llamar simplemente Medina.

Aunque fundada el siglo II por los romanos, la ciudad renació en el periodo andalusí pues había sido abandonada en época visigoda. El geógrafo Yaqut apuntaba que Tariq la encontró arruinada en el 711, pero el también geógrafo al-Idrisi, nacido en Ceuta en el siglo XII, la describió como una gran ciudad donde había muchos edificios, jardines y huertos.

Además de su importancia defensiva, su posición igualmente estratégica en el camino que unía Zaragoza y Córdoba hizo también de ella un enclave comercial. Pero de la relevancia de Madinat Salim también nos hablan algunos elementos sorprendentes, como un astrolabio andalusí del siglo X que se expone en el Museo Británico. Como explica Azucena Hernández, experta en astrolabios, una de sus láminas, la diseñada para la latitud 42, incluye las ciudades de Zaragoza, Medinaceli, y la portuguesa Santarém. Otro astrolabio andalusí del siglo XI recientemente encontrado en Verona dedica el fondo de la pieza llamada «madre» a la latitud 41º30′ junto al nombre labrado de “Madinat Salim”. No figura ninguna otra ciudad en esa pieza.

¿Y qué sucedió con los musulmanes y judíos que vivían en el lugar tras la conquista cristiana? Ángeles Serrano Anguita ha seguido su pista buceando en los legajos: la partición de herencia de un maestre mudéjar, el cuaderno de deudas de un comerciante morisco, el testamento de otro vecino morisco conocido como Abraham El Rojo… Es decir, allí siguieron. Algunos también lo hicieron, pero ocultos, tras los decretos de expulsión de 1492 (judíos) y 1609 (moriscos).

AGUA

Los aljibes son, además de los silos y la cerámica, los vestigios más abundantes encontrados durante las intervenciones arqueológicas en la villa. La existencia de aljibes es clave para un núcleo como Medinaceli, cuyo nivel freático se encuentra en el desnivel de su ladera este, donde viene funcionando desde época romana la Fuente de la Canal. Se han encontrado una veintena de aljibes, algunos de época romana, de mayor tamaño, y otros del periodo islámico, más fragmentados. Pero los expertos han llegado a la conclusión que es en el periodo andalusí cuando se asientan las bases del sistema de abastecimiento de agua a partir del aumento de los aljibes tanto de uso público como privado. Se han documentado un total de 12 estructuras.

Pero si hay un elemento popular en Medinaceli que nos recuerda también los saberes andalusíes en el manejo del agua y en sacar partido de las condiciones del entorno sin dañarlo es el conocido popularmente como “Nevero árabe” (aunque probablemente sea morisco y datado en el siglo XVI). Un nevero o pozo de nieve construido para conservar los alimentos guardando (empozando) en él la nieve en invierno con el fin de conservar los alimentos en verano. La nieve resistía en la época estival al aislarla interponiendo capas de paja. Ese nevero continuó utilizándose hasta comienzos del siglo XX.

ARTESANÍA

Las principales y más habituales referencias al Medinaceli andalusí son de tipo militar. Las que hablan de su importante papel defensivo como capital de la marca media de Al-Ándalus, o las que la vinculan a grandes guerreros andalusíes como el general Galib, el caudillo Abu Amir Almanzor, o incluso a Rodrigo Díaz de Vivar. Pero la medina, por supuesto, fue también un lugar en el que la gente existió sin guerrear. En el que trabajó y comerció. En el que simplemente vivió y convivió.

La cerámica constituye el tipo de vestigio andalusí más abundante entre los hallados en Medinaceli y el que mejor nos revela esta cotidianidad: restos de jofainas, ataifores, redomas o botellas, jarras, candiles, tarros, ollas, orzas, tinajas… La mayoría de uso doméstico o para el almacenaje, tanto del periodo pre-califal, como califal o taifa.

Entre las piezas que se encuentran en el Museo Numantino de Soria (otras, en el Arqueológico Nacional), encontramos una enternecedora. Un recipiente de forma cerrada, ligeramente globular y pequeño tamaño, de paredes muy finas y sin decorar, con un pitorro tubular y un asa en la parte opuesta. Una pieza que serviría para la administración directa de su contenido líquido a personas enfermas o niños: algo parecido a un biberón.